El desafío de la construcción de la Civilización del Amor, presentado por el Papa Pablo VI, y acogido por la Pastoral Juvenil Latinoamericana, es y sigue siendo un proyecto y misión. Ha sido asumido, con valentía, por quienes empezaron este camino y ahora es continuado, con ardor, por las nuevas generaciones de la Pastoral Juvenil Latinoamericana, quienes a su vez lo están trasmitiendo a las juventudes del Continente; el desafío es construir el Reino del Amor en la Patria Grande. De ahí que estas nuevas orientaciones tienen por subtítulo Proyecto y Misión. Este regalo de Dios, se gesta y nace en un momento en el cual la Iglesia Latinoamericana es impulsada e inspirada a la Misión Continental, a la Nueva Evangelización. Ya desde el inicio mismo, el camino de Revitalización se orientó al dinamismo misionero juvenil, destacando la necesidad que tenemos de ir en busca de los jóvenes en sus propios lugares, escucharlos, y caminar junto a ellos
MONSEÑOR ROMERO
El salvadoreño Monseñor Romero (1917-1980) es uno de los arzobispos más significativos e importantes de la historia reciente no sólo de su país sino universal. Su labor humanitaria y su lucha contra la pobreza, la represión y la crueldad han sido sus grandes pilares junto con la solidaridad y el compromiso por la comunidad que representaba y luchaba. Su asesinato conmovió al mundo entero y su figura es uno de los emblemas principales de la lucha por la justicia y la verdad, para la conciencia de muchos creyentes y laicos con memoria del pasado siglo y preocupación por las afrentas y los riesgos del presente.
Al asesinato de Monseñor le siguieron otros actos de violencia terribles contra una Iglesia comprometida con el pueblo salvadoreño, como la violación y asesinato de tres monjas y una seglar estadounidenses el 2 de diciembre de 1980 o el asesinato de seis sacerdotes jesuitas por escuadrones de la muerte en noviembre de 1989. Dichos actos se insertaron en un periodo convulso de enfrentamiento entre el poder represor y las guerrillas del FMLN que se prolongaría durante más de una década.
La firma del acuerdo entre el gobierno y el FMLN, llevada a cabo en 1992, supuso para El Salvador el inicio de ese proceso de paz con el que soñó Monseñor Romero, un proceso de democratización y de recuperación económica que se ha basado, como proponía Monseñor, en el diálogo. En este periodo, la figura de Óscar A. Romero ha continuado siendo un símbolo de justicia y de compromiso social para el pueblo salvadoreño. La celebración del XX aniversario de su muerte en el año 2000 ha llevado incluso a la creación de una Fundación Monseñor Romero y a una propuesta de beatificación que cuenta con el apoyo de católicos de muy diversos países, y que en cierto modo supone una forma de reivindicación del papel que aún hoy desarrolla una parte importante de la Iglesia Católica en América Latina.


Siendo solidario y respetuosa con el prójimo, cuando mi corazón reemplace el odio por más amor y eliminé todo mal que pueda caer en mi vida.
ResponderEliminarPara poder constituir o crear una sociedad en la cual se practique la civilización del amor todos debemos poner de nuestra parte y esto lo alcanzaremos empezando por nuestras actitudes y valores, si no cambia uno sus malos hábitos como cambiar el de los demás, se empieza por uno mismo
ResponderEliminarConsidero que para construir la civilización del amor, debo en primer lugar sincerarme conmigo misma ante Dios, porqué muchas veces nos gusta ayudar, colaborar, ser solidario pero aveces es por vanidad, para que nos vean. El Santo hermano Pedro que se le conoce como el HOMBRE QUE FUE CARIDAD, nos enseña a tener una sana intención. Así que ánimo hemos sido creados del amor de Dios, nacimos del amor de nuestros padres y nuestra esencia es el amor, así que no será difícil construir la civilización del amor, desde nuestro interior.
ResponderEliminarBueno pues ayudando a los demas a ser mejores personas y nunca olvidarnos de Dios
ResponderEliminarFue un educador porque dedicó sus mejores energías y talentos al educar a la sociedad, debemos tener el mismo coraje que el tenía hacia la fe. También tenemos que tener valentía para defender y evitar que la injusticia y la maldad se apoderen de nuestro país y entre nosotros mismos.
ResponderEliminarEl amor genuino al prójimo se expresa en los hechos, y no sólo con palabras. Se expresa a través de lo que uno realmente hace en la vida. Se manifiesta en la preocupación por los demás a través del habla con amabilidad y demostrar generosidad con las posesiones materiales dadas por Dios.
ResponderEliminarNo cualquier lucha por la justicia es la encarnación del amor cristiano, pero no hay amor cristiano sin lucha por la justicia cuando la situación histórica se define en términos de injusticia y de opresión
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